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  INSTALACIÓN BE A PLAYER. DON'T HIT HARD ON TRIAL
   

A través de una entrevista realizada a Nyma Lhamo, exiliada tibetana, nos adentramos en la dura y difícil realidad del pueblo tibetano que, desde su invasión por la China comunista en 1959, viene reivindicando fundamentalmente recuperar sus señas de identidad. Sus palabras, recogidas en su lugar de exilio en el sur de la India reflejan angustia, desconcierto y una profunda desesperación. Todo ello en el  singular contexto del quehacer cotidiano, ocio y actividad religiosa del campo de refugiados Tibetan New Camp, en Delhi.

“Golpearon a mis acompañantes pero a mí no, porque parecía una niña. Tenía 15 años y el pelo  corto. Continué el camino llorando. Las habitaciones de los prisioneros eran muy pequeñas, por la noche no tenían espacio para tumbarse a lo largo. Sólo tenían una pieza de algodón para cubrirse, y tenían que estar acurrucados y sentados en el suelo. No llegué a ver la comida, pero no debía de ser buena. Tenían atada una madera al cuello, y una cadena en los tobillos: La comida estaba en un gran recipiente, e iban pasando en línea para recogerla en su bol. A los últimos no les llegaba nada de comida
y el resto eran golpeados o también los llevaban a trabajar al campo,  rodeados de policías, que les obligaban a trabajar, forzándoles a seguir cuando intentaban descansar. Viendo todo esto, seguí mi viaje llorando, hasta que llegué a Lhasa”.

“En Lhasa viví cinco años, hasta 1987. Ese año tuvo lugar un levantamiento popular, y detuvieron a mucha gente en el Bakhor. A los que la policía arrestó, si delataban a 10 participantes les dejaban en libertad. Entonces la chica que vivía conmigo, mi amiga y yo fuimos delatadas. Sabíamos que al día siguiente vendrían a detenernos, así que por la mañana temprano escapé y me fui a otro lugar. No nos podíamos quedar en Lhasa.”



 
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 ©Pedro ortuño 2017