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  ARQUEOLOGÍA DO PRESENTE: LANIFÍCIOS
   


ARQUEOLOGIA DO PRESENTE: LANIFÍCIOS é uma exposição do artista espanhol Pedro Ortuño organizada pelo Museu de Lanifícios e pela Universidade da Beira Interior através do Laboratório de Conteúdos Online (LabCom) no âmbito da sua presença como investigador visitante. A partir da fábula de Aracne, que serviu de inspiraçâo a Velázquez para pintar o quadro “As Fiadeiras”, Ortuño interpreta as habilidades que Atenea, Deusa da Sabedoria e patrona dos artesãos, concedeu a Aracne; e atribui-as, neste caso concreto, às fiadeiras da Covilhã. O projeto de investigação versa sobre o desaparecimento e a memória da indústria dos Lanifícios, desenvolvida na região da “Serra da Estrela”. Devido às sucessivas crises da década de 90 do século passado, um grande número de fábricas foram abandonadas, todavia as suas instalações sobrevivem ainda hoje como protagonistas de um processo de deterioração imparável, reflexo e metáfora do esplendor e da riqueza natural que se vivia na região. O projeto resgata a memória da antiga indústria têxtil dos Lanifícios e aprofunda a história empresarial e industrial.

 

 




Covilhã, mito y realidad

Aracne, la bella joven de Lidia, que, orgullosa, osó desafiar a la diosa, acabó convertida por ésta en araña, condenada a hacer del noble arte de tejer su eterno y solitario trabajo. Así lo narra el mito clásico y así lo plasmó, sutilmente, Velázquez en su cuadro “Las Hilanderas”.

Viendo actualmente la ciudad de Covilhã uno se pregunta si Atenea no se sintió igualmente ofendida por el arte que salía de los telares covilhanenses, por la irreverencia de los diseños avanzados a su tiempo, por la vanidad que algunos empresarios manifestaban y castigó a la ciudad a sufrir el mismo destino que Aracne.

Muchas de sus innumerables fábricas, antaño pobladas por operarios textiles, llenas de vida y de gente fervorosamente dedicada a su trabajo, están ahora abandonadas y habitadas por otros seres. Las arañas y sus telarañas, que todo lo adornan, nos remiten a un pasado no tan lejano como podría parecer.

Esta ciudad portuguesa, situada en la ladera de la Serra da Estrela, ha estado desde siempre ligada al tratamiento de la lana y a la producción de lanificios. Con la industrialización se convirtió en una potencia textil, equiparable a algunas de las ciudades inglesas más punteras, por lo que se la conocía como la Manchester portuguesa. Desde sus cerca de 200 fábricas y talleres se exportaban tejidos para el mundo, sus diseñadores eran premiados en certámenes internacionales y a sus gentes nunca les faltaba trabajo. Un trabajo duro, con un horario extenso (las fábricas trabajaban en tres turnos, durante las 24 horas) pero preferido por muchos a la única alternativa que se les ofrecía: la agricultura o el pastoreo.

Entre los años 60 y 80 del siglo pasado empezó un declive rápido, rapidísimo, y casi todas las fábricas cerraron. Los motivos son muchos y la proximidad de los hechos, la herida abierta de los que perdieron el trabajo y de los que arruinaron las empresas heredadas, hace todavía hoy difícil un análisis frío y certero. Parece evidente que la apertura a los mercados asiáticos y el contexto sociopolítico que siguió a la Revolución del 25 de abril tuvieron un papel determinante en este destino.

Pero algunas fábricas, muy pocas, resistieron. Modernizaron sus instalaciones, invirtieron en la dirección y el momento adecuados y escaparon a la maldición. En ellas no hay arañas y la furia de los dioses se quedó a las puertas. En ellas encontramos mujeres, las mismas mujeres que protagonizan “Las Hilanderas”, pero que han cambiado la rueca y la devanadera por máquinas modernas. Las mismas mujeres que, curvadas sobre las telas, como siempre se hizo, se concentran en revisar las piezas y corregir, hilo a hilo, lo que el telar no tejió.

En esta exposición, Pedro Ortuño nos regala su visión de la industria de lanificios de la Serra da Estrela. Retrata las Aracnes, no tan jóvenes, que sobreviven entre telas, desconociendo cuál será su futuro y el de las fábricas donde trabajan. Retrata las arácnidas y sus telas, que se han apoderado de las máquinas paradas.

Sus obras (fotografías, audiovisual e instalación) nos acercan a la realidad de esta región que él mismo fue descubriendo poco a poco, durante los meses en los que estuvo viviendo y trabajando en Covilhã.

El título escogido: “Arqueología del presente: lanificios”, aparentemente paradójico en su primera parte, nos hace reflexionar sobre el estado actual de muchos de estos edificios fabriles, recordar su pasado e imaginar su evolución futura.

La instalación parece evocar la exportación de los tejidos covilhanenses. Unas ramas calcinadas, procedentes del gran incendio que este verano arrasó gran parte de la ladera donde se sitúa Covilhã, equivalen a los caminos antes recorridos por las ropas y telas, en una metáfora de lo que dejó de ser.

Las instantáneas, organizadas en dípticos y trípticos, presentan diversos tipos de enmarcados, e incluyen desde planos generales hasta detalles. Encuadres escogidos que nos llevan desde el silencio en suspensión de los espacios abandonados a la concentración callada del trabajo fabril.

Gracias a Pedro Ortuño, nos ponemos en el papel del “arqueólogo del presente” y de su mano, entramos en diversas fábricas, deambulamos por sus espacios y encontramos algo que nos sorprende, que cautiva nuestra mirada y que consigue explicarnos qué pasó en estos lugares en otro tiempo. Descubrimos, igualmente, algo que solo ven los ojos que quieren ver: la belleza escondida de los espacios abandonados.

Elisabet Carceller, museógrafa e historiadora del arte.

 

 

 ©Pedro ortuño 2017